Caminé hasta mi taquilla. La abrí y tomé mis libros.
Mis pies sudaban, todavía no me había acostumbrado a llevar ciertas botas. Cerré mi taquilla y me giré para contemplar como mis compañeros me miraban anonadados. Caminé por al lado de ellos, pasando completamente y fui hacia mi clase.
Al entrar, vi al grupo de Louis, él sentado encima de su mesa rodeado de sus amigos. Yo me senté en mi sitio de siempre mientras yo era el centro de atención.
-¿Qué miráis? - dije con dureza, intentando tapar mi timidez. Sí, a pesar de que hubiera cambiado de aspecto y, ahora comience a cambiar de actitud, aun seguía siendo tímida pero conseguiría no seguir sacándolo a la luz.
Todos desviaron su mirada hacia otra parte y comenzaron a murmurar entre ellos, seguramente cosas sobre mí. .
El profesor entró minutos más tarde de que tocara el timbre, después son los alumnos que llegan tarde. La clase pasó aburrida para mí, cuánto odiaba historia, empollar y más empollar. ¡No me servía para nada!. Los profesores dirían que tengo que saber sobre los siglos anteriores, aún así, yo seguiría reforzando mi opinión.
***
¡Hora de comer, al fin! Las miradas no habían cesado desde que había venido vestida de negro y demás. Al contrario, cada vez era más el centro de atención, cosa que era difícil pero se consiguió.
Al parecer, ahora todo el mundo tenía interés en mí, pero el miedo por mi aspecto hacían a la mayoría alejarse de mí. Aún así, al entrar al comedor me senté en la mesa que siempre solía sentarme. Minutos más tarde, compañeros míos de clase se sentaron, ellos eran los que tenían más estilo, según los demás.
-Hola Willson - saludó de inmediato la chica castaña. Me parece que se llamaba Christine, sí, Christine.
Yo solamente saludé con la mano sin mirarles mientras seguía ingiriendo mi comida aunque esas miradas de cuatro de mis compañeros no me ayudaban mucho, la verdad. Levanté la vista de un momento a otro y los inspeccioné uno a uno.
-¿Qué queréis? - intenté sonar lo más firme posible.
-Qué queremos no, qué quieres tú - habló una voz chillona, amiga de Christine. Maldita voz, pobres oídos míos.
Dudé un momento, no sabía que responderle. Las palabras me desaparecieron de un momento a otro y quedé unos segundos en shock, sosteniéndole la mirada a la chica con la voz chillona hasta que volví a entrar en razón. Miré disimuladamente mi reloj, quedaban a penas treinta segundos, era hora de echar la bomba y largarme.
-Yo ahora solamente quiero graparte la boca, para no poder oír nunca más esa voz tan inaguantable y chillona que tienes, idiota. Tú y tu voz dais asco - me armé de valor para decir eso y pocos segundos después sonó el timbre.
Me fui lo más calmada posible, para que no pudieran notar mi prisa de salir de ahí. El resto de clases transcurrieron aburridas, como solía ser después de comer.
Al cerrar por última vez este día la taquilla, salí del instituto a paso rápido. Cuando me encontré fuera de la escuela, empecé a andar camino a casa. Recé para que mi madre no se encontrara en casa, lo cual fue vano, ya que ella ahora mismo estaba en casa, a punto de marcharse a su viaje de trabajo, que por cierto no sabía donde se iba, seguramente me esperaba para despedirse de mí.
Muy bien ____, habías ideado el plan perfecto para salir de casa sin ser vista y ahora, ¿Cómo iba a entrar sin que mi madre me descubriera? ¡Piensa, piensa! Lamentablemente no tuve tanto tiempo, ya que estaba prácticamente delante de la puerta de mi casa.
Silenciosamente, introducí la llave dentro de la cerradura y la giré. Entré calladamente y subí las escaleras con el mayor sigilo posible. Justo cuando estaba entrando a mi habitación... mi madre salió de la suya, dejándome helada antes de entrar en mi dormitorio.
-¡Hija! ¡Qué sorpresa que hayas vuelto, no te he oído entrar!
Yo la miré y me adentré en la habitación rápidamente, no sin antes decirle un par de palabras.
-¡Dicen que lo primero que se pierde es el oído!
Dicho esto, cerré la puerta con llave y me cambié velozmente. Volví a quedar parada al pensar en lo que había dicho; era la vista lo que se perdía primero, no el oído. Bueno, lo importante es que había colado y que mi madre no preguntaría nada más sobre el tema. Al haberme cambiado, fui hacia la habitación de mi madre, que para mi sorpresa todo estaba ordenado, las maletas listas y todo más limpio de lo normal.
-¿A qué se debe tanto orden y limpieza mamá? - pregunté entrando en su habitación.
-Ya que nuestra casa estará deshabitada algún tiempo ya que iba a California a trabajar - oh dios mío, California, ahí iba - prefería dejarlo todo limpio y ordenado.
Yo solamente asentí, esperando a que me dijera algo más sobre el trabajo o la familia Tomlinson.
-Por cierto, ahora la familia Tomlinson vendrá a por ti, debes preparar lo más rápido posible tu maleta.
A ver, analicemos, ahora venían a recogerme, yo no tenía la maleta. ¡¿QUÉ SE CREE ESTA MUJER, QUE ME DOY TANTA PRISA?!. Respiré hondo y le asentí a mi madre. Salí rápidamente de la habitación, cogí la maleta de debajo de mi cama y empecé a meter la mayoría de ropa, sobretodo la negra y en unos quince minutos o veinte estuve completamente lista. El ahora de mi madre, no era precisamente un ahora de los de verdad.
Hablando de ella, justo entró en mi habitación.
-____, cariño, te explico - se sentó en mi cama, a mi lado - voy a ser demasiado generosa contigo en estos momentos, vas a...
-¿Qué harás mamá? - dije algo emocionada.
-No me interrumpas como esta mañana, por favor hija, que ya me espera el taxi abajo así que iré lo más rápido posible - yo solamente asentí, tenía razón, la interrumpía pero no solo era hoy sino la mayoría de los días cuando había de contarme algo - ten una tarjeta de crédito, hay bastante para que te puedas servir en estos dos meses pero dudo que la necesites, ya que la familia Tomlinson te cuidará y todo pero por si acaso necesitas algo, cómpralo tú.
La abracé involuntariamente. Gracias la susurré. Ella me sonrió y besó mi frente.
-Baja conmigo por si acaso, lo más seguro es que Jay te espere ya abajo con las hermanas de Louis - se fue hacia la salida y antes de salir, se giró - por cierto, ¿Por qué llevabas la ropa negra al entrar en casa?
Mierda. Quedé muda unos segundos buscando una excusa razonable.
-El instituto, no me dio tiempo a cambiarme.
Ella asintió como confirmación y salió por fin de mi habitación. Suspiré aliviada. Pero pronto me levanté de mi cama, al quedarme con mi duda. Cogí rápidamente mi maleta y mis otras dos bolsas, donde había puesto cosas imprescindibles para mí. Salí de mi habitación con la llave en la mano, por si acaso la llevaría.
-¡Mamá! - grité.
-No hace falta que grites, todavía estamos bajo el mismo techo. Dime.
-¿Al final que pasó con el marido de Johannah, Jay, como os llaméis vosotras? - pregunté. No sabía como llamar a la madre de Lou, supongo que sería más práctico llamarla Jay, más corto y más sencillo.
-Se acabaron separando, ya lo sabías - respondió mi madre, bajando sus maletas. Cierto, ya lo sabía - pero hace a penas una semana o dos, Jay me comentó que comenzó a salir con un millonario y que les va bastante bien.
Yo bajé también las maletas. Oh dios mío, un millonario. Qué astuta que era Jay, podía alimentar perfectamente a siete bocas, contando a Louis. Al estar fuera, efectivamente allí estaba la señora Tomlinson. Me llevé una sorpresa al ver que no estaban sus hijas, solamente ella. Igualmente, me despedí de mi madre - mi madre claramente saludó a Jay - y yo finalmente me subí al coche, dejando antes mi equipaje en el maletero, menuda aventura me espera.
-Hola preciosa - me saludó Jay - ¿Qué tal todo?
-Bien señora Tomlinson ¿Usted? - hablé sonriendo.
-Oh cariño, llámame Jay, como lo hacías cuando eras más pequeña - dijo empezando a conducir hacia su casa - y estoy muy bien. Todos te esperan en casa - concluyó.
¿Todos?
Minutos más tarde, el vehículo estacionó en frente de casa. Jay me ayudó con las maletas a pesar de que se lo haya negado una y otra vez, al final acepté su ayuda.
-¡Ya estamos en casa! - dijo alzando la voz Johannah.
Un hombre salió (supongo que el novio de Jay), y al lado suya salieron Lottie, Felicite, Phoebe y Daisy. Las gemelas de nueve años se balancearon a mí, dándome un abrazo, me llevaba muy bien con ellas. Felicite, que tenía trece, y yo nos saludamos con dos besos,nuestra relación de amistad iba bien. Lottie y yo también nos dimos dos besos, siempre pensé que ella me odiaba por mi forma de vestir, ella también venía a nuestro instituto. Finalmente saludé a la pareja de Jay, este se llamaba Seth.
Entré con ellos a la cocina, al estar ahí, Louis estaba sentado en la mesa, de espaldas a la puerta pero no por mucho tiempo, ya que al oír ruido él se giró. Sus ojos celestes se juntaron con los míos comencé a sentir nervios que intenté que se esfumaran rápidamente.
-Hola, Louis - soné lo más alegre posible. Esbocé una sonrisa para disimular.
-Hola - dijo fríamente - mamá, yo ya me voy, nos vemos el viernes - concluyó levantándose de la mesa, dispuesto a irse.
-¿El viernes? - mis manos acudieron a mi boca pero ya era demasiado tarde, había dicho mis pensamientos.
-Louis viene los lunes, miércoles y viernes a comer, también los fines de semana - explicó Jay - hijo, no te vayas, acaba de venir _____.
-Mamá, que me voy - habló fríamente.
Johannah bufó y finalmente Louis salió de casa, dando un portazo. Por un momento me sentí el centro de atención, había sido la causante de la salida de Louis.
(~)
¡Holi! ¿Qué les parece? Bueno, todavía no se sabe la reacción que tiene Louis al ver a ______ así, pero pronto se sabrá!, ya que ellos se verán bastantes veces a la semana.
Pronto se sabrán muchas cosas. Miles de acciones transcurrirán en la casa de los Tomlinson, que a ____ le hará cambiar de opinión en algunas cosas.
OH, estoy bastante decepcionada con el capítulo anterior. Sinceramente, esperaba más comentarios pero bueno:l. Espero que en este comentéis^^.
Isa♥