Caminé hasta mi taquilla. La abrí y tomé mis libros.
Mis pies sudaban, todavía no me había acostumbrado a llevar ciertas botas. Cerré mi taquilla y me giré para contemplar como mis compañeros me miraban anonadados. Caminé por al lado de ellos, pasando completamente y fui hacia mi clase.
Al entrar, vi al grupo de Louis, él sentado encima de su mesa rodeado de sus amigos. Yo me senté en mi sitio de siempre mientras yo era el centro de atención.
-¿Qué miráis? - dije con dureza, intentando tapar mi timidez. Sí, a pesar de que hubiera cambiado de aspecto y, ahora comience a cambiar de actitud, aun seguía siendo tímida pero conseguiría no seguir sacándolo a la luz.
Todos desviaron su mirada hacia otra parte y comenzaron a murmurar entre ellos, seguramente cosas sobre mí. .
El profesor entró minutos más tarde de que tocara el timbre, después son los alumnos que llegan tarde. La clase pasó aburrida para mí, cuánto odiaba historia, empollar y más empollar. ¡No me servía para nada!. Los profesores dirían que tengo que saber sobre los siglos anteriores, aún así, yo seguiría reforzando mi opinión.
***
¡Hora de comer, al fin! Las miradas no habían cesado desde que había venido vestida de negro y demás. Al contrario, cada vez era más el centro de atención, cosa que era difícil pero se consiguió.
Al parecer, ahora todo el mundo tenía interés en mí, pero el miedo por mi aspecto hacían a la mayoría alejarse de mí. Aún así, al entrar al comedor me senté en la mesa que siempre solía sentarme. Minutos más tarde, compañeros míos de clase se sentaron, ellos eran los que tenían más estilo, según los demás.
-Hola Willson - saludó de inmediato la chica castaña. Me parece que se llamaba Christine, sí, Christine.
Yo solamente saludé con la mano sin mirarles mientras seguía ingiriendo mi comida aunque esas miradas de cuatro de mis compañeros no me ayudaban mucho, la verdad. Levanté la vista de un momento a otro y los inspeccioné uno a uno.
-¿Qué queréis? - intenté sonar lo más firme posible.
-Qué queremos no, qué quieres tú - habló una voz chillona, amiga de Christine. Maldita voz, pobres oídos míos.
Dudé un momento, no sabía que responderle. Las palabras me desaparecieron de un momento a otro y quedé unos segundos en shock, sosteniéndole la mirada a la chica con la voz chillona hasta que volví a entrar en razón. Miré disimuladamente mi reloj, quedaban a penas treinta segundos, era hora de echar la bomba y largarme.
-Yo ahora solamente quiero graparte la boca, para no poder oír nunca más esa voz tan inaguantable y chillona que tienes, idiota. Tú y tu voz dais asco - me armé de valor para decir eso y pocos segundos después sonó el timbre.
Me fui lo más calmada posible, para que no pudieran notar mi prisa de salir de ahí. El resto de clases transcurrieron aburridas, como solía ser después de comer.
Al cerrar por última vez este día la taquilla, salí del instituto a paso rápido. Cuando me encontré fuera de la escuela, empecé a andar camino a casa. Recé para que mi madre no se encontrara en casa, lo cual fue vano, ya que ella ahora mismo estaba en casa, a punto de marcharse a su viaje de trabajo, que por cierto no sabía donde se iba, seguramente me esperaba para despedirse de mí.
Muy bien ____, habías ideado el plan perfecto para salir de casa sin ser vista y ahora, ¿Cómo iba a entrar sin que mi madre me descubriera? ¡Piensa, piensa! Lamentablemente no tuve tanto tiempo, ya que estaba prácticamente delante de la puerta de mi casa.
Silenciosamente, introducí la llave dentro de la cerradura y la giré. Entré calladamente y subí las escaleras con el mayor sigilo posible. Justo cuando estaba entrando a mi habitación... mi madre salió de la suya, dejándome helada antes de entrar en mi dormitorio.
-¡Hija! ¡Qué sorpresa que hayas vuelto, no te he oído entrar!
Yo la miré y me adentré en la habitación rápidamente, no sin antes decirle un par de palabras.
-¡Dicen que lo primero que se pierde es el oído!
Dicho esto, cerré la puerta con llave y me cambié velozmente. Volví a quedar parada al pensar en lo que había dicho; era la vista lo que se perdía primero, no el oído. Bueno, lo importante es que había colado y que mi madre no preguntaría nada más sobre el tema. Al haberme cambiado, fui hacia la habitación de mi madre, que para mi sorpresa todo estaba ordenado, las maletas listas y todo más limpio de lo normal.
-¿A qué se debe tanto orden y limpieza mamá? - pregunté entrando en su habitación.
-Ya que nuestra casa estará deshabitada algún tiempo ya que iba a California a trabajar - oh dios mío, California, ahí iba - prefería dejarlo todo limpio y ordenado.
Yo solamente asentí, esperando a que me dijera algo más sobre el trabajo o la familia Tomlinson.
-Por cierto, ahora la familia Tomlinson vendrá a por ti, debes preparar lo más rápido posible tu maleta.
A ver, analicemos, ahora venían a recogerme, yo no tenía la maleta. ¡¿QUÉ SE CREE ESTA MUJER, QUE ME DOY TANTA PRISA?!. Respiré hondo y le asentí a mi madre. Salí rápidamente de la habitación, cogí la maleta de debajo de mi cama y empecé a meter la mayoría de ropa, sobretodo la negra y en unos quince minutos o veinte estuve completamente lista. El ahora de mi madre, no era precisamente un ahora de los de verdad.
Hablando de ella, justo entró en mi habitación.
-____, cariño, te explico - se sentó en mi cama, a mi lado - voy a ser demasiado generosa contigo en estos momentos, vas a...
-¿Qué harás mamá? - dije algo emocionada.
-No me interrumpas como esta mañana, por favor hija, que ya me espera el taxi abajo así que iré lo más rápido posible - yo solamente asentí, tenía razón, la interrumpía pero no solo era hoy sino la mayoría de los días cuando había de contarme algo - ten una tarjeta de crédito, hay bastante para que te puedas servir en estos dos meses pero dudo que la necesites, ya que la familia Tomlinson te cuidará y todo pero por si acaso necesitas algo, cómpralo tú.
La abracé involuntariamente. Gracias la susurré. Ella me sonrió y besó mi frente.
-Baja conmigo por si acaso, lo más seguro es que Jay te espere ya abajo con las hermanas de Louis - se fue hacia la salida y antes de salir, se giró - por cierto, ¿Por qué llevabas la ropa negra al entrar en casa?
Mierda. Quedé muda unos segundos buscando una excusa razonable.
-El instituto, no me dio tiempo a cambiarme.
Ella asintió como confirmación y salió por fin de mi habitación. Suspiré aliviada. Pero pronto me levanté de mi cama, al quedarme con mi duda. Cogí rápidamente mi maleta y mis otras dos bolsas, donde había puesto cosas imprescindibles para mí. Salí de mi habitación con la llave en la mano, por si acaso la llevaría.
-¡Mamá! - grité.
-No hace falta que grites, todavía estamos bajo el mismo techo. Dime.
-¿Al final que pasó con el marido de Johannah, Jay, como os llaméis vosotras? - pregunté. No sabía como llamar a la madre de Lou, supongo que sería más práctico llamarla Jay, más corto y más sencillo.
-Se acabaron separando, ya lo sabías - respondió mi madre, bajando sus maletas. Cierto, ya lo sabía - pero hace a penas una semana o dos, Jay me comentó que comenzó a salir con un millonario y que les va bastante bien.
Yo bajé también las maletas. Oh dios mío, un millonario. Qué astuta que era Jay, podía alimentar perfectamente a siete bocas, contando a Louis. Al estar fuera, efectivamente allí estaba la señora Tomlinson. Me llevé una sorpresa al ver que no estaban sus hijas, solamente ella. Igualmente, me despedí de mi madre - mi madre claramente saludó a Jay - y yo finalmente me subí al coche, dejando antes mi equipaje en el maletero, menuda aventura me espera.
-Hola preciosa - me saludó Jay - ¿Qué tal todo?
-Bien señora Tomlinson ¿Usted? - hablé sonriendo.
-Oh cariño, llámame Jay, como lo hacías cuando eras más pequeña - dijo empezando a conducir hacia su casa - y estoy muy bien. Todos te esperan en casa - concluyó.
¿Todos?
Minutos más tarde, el vehículo estacionó en frente de casa. Jay me ayudó con las maletas a pesar de que se lo haya negado una y otra vez, al final acepté su ayuda.
-¡Ya estamos en casa! - dijo alzando la voz Johannah.
Un hombre salió (supongo que el novio de Jay), y al lado suya salieron Lottie, Felicite, Phoebe y Daisy. Las gemelas de nueve años se balancearon a mí, dándome un abrazo, me llevaba muy bien con ellas. Felicite, que tenía trece, y yo nos saludamos con dos besos,nuestra relación de amistad iba bien. Lottie y yo también nos dimos dos besos, siempre pensé que ella me odiaba por mi forma de vestir, ella también venía a nuestro instituto. Finalmente saludé a la pareja de Jay, este se llamaba Seth.
Entré con ellos a la cocina, al estar ahí, Louis estaba sentado en la mesa, de espaldas a la puerta pero no por mucho tiempo, ya que al oír ruido él se giró. Sus ojos celestes se juntaron con los míos comencé a sentir nervios que intenté que se esfumaran rápidamente.
-Hola, Louis - soné lo más alegre posible. Esbocé una sonrisa para disimular.
-Hola - dijo fríamente - mamá, yo ya me voy, nos vemos el viernes - concluyó levantándose de la mesa, dispuesto a irse.
-¿El viernes? - mis manos acudieron a mi boca pero ya era demasiado tarde, había dicho mis pensamientos.
-Louis viene los lunes, miércoles y viernes a comer, también los fines de semana - explicó Jay - hijo, no te vayas, acaba de venir _____.
-Mamá, que me voy - habló fríamente.
Johannah bufó y finalmente Louis salió de casa, dando un portazo. Por un momento me sentí el centro de atención, había sido la causante de la salida de Louis.
(~)
¡Holi! ¿Qué les parece? Bueno, todavía no se sabe la reacción que tiene Louis al ver a ______ así, pero pronto se sabrá!, ya que ellos se verán bastantes veces a la semana.
Pronto se sabrán muchas cosas. Miles de acciones transcurrirán en la casa de los Tomlinson, que a ____ le hará cambiar de opinión en algunas cosas.
OH, estoy bastante decepcionada con el capítulo anterior. Sinceramente, esperaba más comentarios pero bueno:l. Espero que en este comentéis^^.
Isa♥
Mi verdadera yo - Louis Tomlinson y tú
viernes, 3 de enero de 2014
sábado, 28 de diciembre de 2013
Capítulo 2 - Cambio.
Después de comer, subí a mi habitación y me senté en mi cama, observando la que sería mi nueva vestimenta.
Me puse la ropa negra y me miré al espejo. Combiné la ropa negra con unas botas altas, también de ese mismo color. Rebusqué entre mis cajones en busca de algún collar digno para mi vestimienta. Contenía pinchos.
Sonreí satisfecha. El resto de la tarde me dediqué a leer, tumbada en mi cama y con música, también a hacer algunos de mis deberes.
Maldito despertador que sonaba cada día a las seis y media de la madrugada. Lo apagué y bajé a desayunar antes de vestirme. Mi madre permanecía despierta desde las seis de la mañana, media hora antes que yo.
-Buen día mamá - la sonreí. Ella vestía con su uniforme de trabajo.
-Siéntate, _____, debemos hablar.
Me pilló por sorpresa su tono al hablar. Sin embargo, la hice caso y me senté, a su lado.
-Verás, ayer me hablaron de un viaje... - empezó.
-Si quieres que me mude, no lo haré - interrumpí.
-Si me dejas acabar, te lo explicaré todo en dos minutos - yo asentí - muy bien. Me hablaron de ese viaje, dónde he consultado haber si podría venir con una acompañante, en este caso tú, pero me lo han negado. Entonces, tendrías que quedarte en otro lugar, aquí no puedes quedarte sola. Solo...
-¿Por qué no? - la interrumpí por segunda vez - ya soy mayorcita mamá. ¿Con quién me quedaría?
-No me vuelvas a interrumpir - me regañó - Primero, no eres mayor de edad todavía y segundo, tendrías quedarte en casa de los Tomlinson, algunos días.
-¿Louis vive con su madre? - me interesé, ahora - ¿Cuántos son algunos días para ti?
-No, él vive solo. No creo que llegue a dos meses. Me iré esta tarde.
Asentí no muy feliz. Pensar que permacería lejos de mi madre un tiempo me destrozaba por dentro. Había tratado mucho con la madre de Louis y ambas nos teníamos mucha confianza, sí, pero no era mi madre. Tomé mi desayuno y subí a mi habitación.
Seguí pensando en el tema mientras ascendía por las escaleras. Solo serían algunos meses, tal vez uno, o tal vez dos. En casa de la señora Tomlinson, sin Louis. ¿Por qué él puede vivir solo y yo no? Claro, ya sé, él es mayor de edad y yo no, no es justo, yo soy más madura que él.
Caí al suelo. Santa mierda. Es normal en mí, cuando me pierdo en mis pensamientos subiendo las escaleras, suelo caerme. Ya es una costumbre.
Al llegar a mi habitación vi la ropa negra. Me vestí toda de negro y me miré al espejo. Maquillaje, faltaba maquillaje. Temía que mi madre me viera así, quizás tendría que correr un poco . Me hice la raya y pinté mis ojos bien de negro, al igual que los labios. Me puse el collar que encontré ayer, de pinchos y alguna que otra pulsera. Cogí una chaqueta azul oscuro y me la puse. Por último agarré mi maleta y la dejé colgar por mi hombro. Bajé corriendo las escaleras, para evitar que mi madre me viera de esta forma, había cambiado demasiado.
-¡Adiós mamá! - grité y rápidamente salí por la puerta.
Corrí un minuto más, para que mi madre no pudiera verme. Mis pechos subían y bajaban, debido al sobreesfuerzo, correr con botas no era lo mío. Hacía algo de frío, pero yo me sentía bien. ¿Bien? Del todo no. Tenía un poco de miedo, al ver la reacción de todos mis compañeros del instituto.
Tras unos minutos de camino, me encontraba delante de las puertas. Suspiré y entré. Desabroché mi chaqueta conforme iba caminando hacia mi taquilla. Miles de miradas en mí, susurros sobre mí, ahora mismo, era el centro de atención.
La gente iba abriendo paso conforme iba pasando. Personas asustadas y otras que me seguían mirando con asco. Era un día único.
(~)
Ya sé, ya sé, tardé mucho en subir lo siento apdkak.
¡Feliz Navidad!. Sé que el cap fue corto, y que deja con la intriga de qué pasará en el instituto y como será en casa de Louis y tal pero bueno, lo veréis en el siguiente cap que es maaaaas largo^^
Comentad vuestra opinion -extensa si es posible-.
Feliz navidad y buena entrada de año:3
Isa *-*.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Capítulo 1 - Harta.
Un sueño aterrador me despertó. Miré la hora: las séis de la mañana
de un precioso lunes. Me levanté de la cama, la hice y me dirigí hacia
el baño, donde allí me aseé. Vestí como siempre: mi camiseta de tirantes
lisa, metida en mi falda rosa con topos. Bajé a la cocina, donde se
encontraba mi madre preparando el desayuno, que me sirvió muy
amablemente como cada día.
-Qué guapa vas hoy - me sonrió mi madre.
-Gracias mamá - la respondí mientras mordisqueaba con ansia mi tostada. Esa frase de cada día era habitual, creo que mentía, ya que creo que ella odiaba como me vestía pero aún así lo respetaba.
¿Mi madre? No sabía prácticamente nada de mi estátus social, mi madre jamás había estado entre las paredes de mi instituto, no sabía como me trataba la gente ahí y me niego a que lo sepa algún día.
Salí de la cocina y fui a mi baño, donde me cepillé los dientes. Observé mi muñeca, donde se encuentraba un reloj plateado, que me regaló mi padre, antes de dejarnos, al morir en un accidente de coche, me parece que es el único recuerdo de él que me queda, a parte de las fotografías encima de mi mesita de noche.
Son las siete y media, mi hora habitual de despedirme de mi madre y dirigirme hacia mi instituto. Así hice, cojí mi maleta y la dejé colgando sobre mi hombro derecho. Di un pequeño beso a mi madre, acomodé mis gafas y salí de casa.
Otro día en el instituto iba a llegar, donde la gente cuchicheaba sobre mí, se reía de mí, me hacían la zancadilla y otras cosas más que prefería no mencionar en estos momentos. ¿Sabéis qué? Da igual. Al final no importa lo que piensa la gente de ti, si no lo que piensas tú de ti mismo, así que, no me afecta en absoluto, tengo la bastante fortaleza y autoestima para que no ocurra. Pero tengo el problema de que mis compañeros, no me agraden verbalmente si no físicamente.
Hay mucha gente falsa que se han intentado hacer pasar por mis amigos a los que yo rechacé ya que simplemente por interés venían a mi lado, sin contar a Louis.
¿Amigos de verdad? No existen. ¿Personas que se hacen pasar por tu amiga y después hablan mal de ti a tus espaldas? Millones de personas. Como mencioné anteriormente, los amigos de verdad no existen aunque, siempre hay la excepción, de esa persona que te querrá de verdad, sabrá respetarte como tal y siempre estará tanto en las buenas como en las malas pero, personas como estas, están en peligro de extinción así que, raramente encuentras a personas así. ¿A qué quiero llegar? Pues a que, jamás tuve una amiga de verdad, más bien, jamás tuve a alguien para llamarle amiga.
Salí de mis pensamientos al ver como me adentraba a ese edificio blanco: el instituto. Caminaba deprisa hacia mi taquilla, para evitar las posibles zancadillas de cada día o los empujones que hacían que los libros quedaran expandidos por todo el piso. Al llegar a mi taquilla, la abrí y deposité algunos libros que llevaba en mano y agarré los que necesitaba para las siguientes clases. Tocó el timbre e intenté apresurarme pero nada, posiblemente llegue algo tarde. Recibí unos golpecitos en mi hombro mientras iba cerrando mi taquilla. Me giré y me encontré un par de ojos azules acompañados de un pelo desordenado. Miré por un momento a mis alrededores y me di cuenta de que no había absolutamente nadie en ese pasillo, solo él y yo: genial, mi primer retraso, empiezo bien el lunes.
-Nos veremos más a menudo - informó no muy feliz el de ojos azules, Louis. Ese chico con el que hacía mucho tiempo que no me hablaba, ese niño que iba a mi misma clase al haber repetido dos cursos gracias a la separación de sus padres -estuvo mucho tiempo con depresión pero, esa es otra historia-.
-¿A qué te refieres? - le pregunté confusa.
Sonrió sínicamente y se fue sin contestarme. Quedé unos segundos extrañada y después me fui corriendo hacia clase. Cuando entré, miles de miradas se dirigieron hacia la persona que había interrumpido la clase, en este caso: yo.
-Willson ¿A qué se debe su retraso? - preguntó el Sr. Snight, profesor de matemáticas.
Quedé intimidada por el profesor, por un momento mis excusas desaparecieron y mis mejillas comenzaron a teñirse de un color rojizo.
-¡Se está poniendo roja! - exclamó un alumno, el que se sentaba al lado de Louis. ¿Cómo había llegado tan rápido?
-Cállese - ordenó el profesor al joven. Desvió su mirada otra vez hacia mí. Seguía de pie, mirándolo parada, sin saber que explicar - Puede sentarse Willson, no se lo tendré en cuenta, ya que ha sido su primera vez.
-Gracias - dije con un hilo de voz mientras iba inmediátamente a mi sitio.
Puse la máxima atención en clase y, debo reconocer que me pasó algo más rápida de lo normal.
Al salir de matemáticas, crucé por todos los pasillos en busca de mi siguiente clase. Entre los libros en mis manos. De un momento a otro, me encontré en el suelo, con todos los libros por el suelo. Joder, ya harta un poco que cada día que como mínimo te hagan la zancadilla una vez.
Cogí mis gafas que habían quedado en el suelo junto a uno de los libros y me las puse. Alcé mi vista y vi a un chico de pelo negro y ojos marrón claro. Estaba de pie junto a mí. Él tendió su mano para que yo la agarrara pero, antes de que la agarrase, quitó su mano y se rió de mí, acompañado de otras risas de alumnos y alumnas que pasaban alrededor.
-Mira por donde vas - fueron sus únicas palabras antes de irse.
Me sentía observada, la mayoría de las personas tenían su mirada fija en mí, como seguía en el suelo, agarrando mis libros de uno en uno y volviéndolos a colocar entre mis manos, lo más rápido posible para dirigirme a clase y que el retraso de la clase anterior no se volviera a repetir.
Así hice y al final, llegué justo a tiempo, segundos antes de que el profesor nos diera un cálido Buenos días.
***
Hora de comer, al fin, pensé.
Me dirigí hacia el comedor, cogí la comida y me fui a mi mesa. La última de todas, donde siempre estaba sola. Amaba eso. Bendita soledad.
Después de comer, fui a las clases restantes. Esta vez, gracias a dios no recibí ninguna de esas zancadillas que hacían que cayera y que cada vez odiara más que el día anterior.
Al acabar todas las clases, fui hacia mi casa algo más rápido de lo habitual, tenía ganas de salir de ese instituto. No lo soportaba más, estaba harta, harta.
Abrí la puerta de mi casa, subí a mi habitación y tiré mi mochila por el suelo. Pocos segundos después, mi madre entró en la habitación.
-Gracias por saludar, hija - dijo con sarcasmo mientras me besaba la frente.
-Hola mamá - dije sin más.
Mi madre me miró algo curiosa. Yo simplemente agaché mi cabeza y miré mis manos, que se hallaban juntas, algo nerviosas, gracias al pensamiento que acababa de venir.
-Mamá, ¿Puedo preguntarte algo?
Ella simplemente se sienta en mi cama y se detuvo a observarme, cómo si esperara que formulara mi pregunta. Yo me senté en la silla de mi escritorio, me giré hacia ella.
-¿Tienes ropa negra que me vaya bien?
-Claro pero, ¿Para qué? - respondió confusa mi madre.
-La necesito para el instituto - dije desviando la mirada para que no notara que no la estaba diciendo del todo la verdad.
-Ahora te la doy.
Dicho esto, se fue de mi habitación. Cuando volvió a entrar, dejó en mi cama un conjunto: una camiseta de tirantes negra conjuntado con unos jeans también negros.
-Gracias mamá.
Ella sonrió y se fue hacia abajo, supuse que a hacer la comida. Quedé observando la ropa negra. Desde el día de mañana, _____ Willson ya no será la típica nerd del instituto. Voy a cambiar radicalmente, me volveré agresiva para evitar posibles zancadillas y causar el miedo en las personas que pasen por mi lado, cambiaré mi estilo de vestir también.
Seré una chica que necesitaba salir de mi interior y que por fin lo consiguió.
[---]
¡Hola! ¿Qué tal ven el primer capítulo?
Pensad que solamente esto es el principio, pronto habrá más acontecimientos mejores y eso ^^
Bueno, como pido siempre. Comentad vuestras opiniones y cuanto más largo mejor♥
PD: Esto es un caso especial que suba en miércoles pero, esque ya tenía el capítulo hecho desde hace tiempo así que, pensé que como tenía un ratillo, pues lo subí^^
Seguramente subiré un capítulo cada semana c:
Aquí me despido♥ Las amo poajdpowa:3 Comentad y tal^^
Isa xx'.
-Qué guapa vas hoy - me sonrió mi madre.
-Gracias mamá - la respondí mientras mordisqueaba con ansia mi tostada. Esa frase de cada día era habitual, creo que mentía, ya que creo que ella odiaba como me vestía pero aún así lo respetaba.
¿Mi madre? No sabía prácticamente nada de mi estátus social, mi madre jamás había estado entre las paredes de mi instituto, no sabía como me trataba la gente ahí y me niego a que lo sepa algún día.
Salí de la cocina y fui a mi baño, donde me cepillé los dientes. Observé mi muñeca, donde se encuentraba un reloj plateado, que me regaló mi padre, antes de dejarnos, al morir en un accidente de coche, me parece que es el único recuerdo de él que me queda, a parte de las fotografías encima de mi mesita de noche.
Son las siete y media, mi hora habitual de despedirme de mi madre y dirigirme hacia mi instituto. Así hice, cojí mi maleta y la dejé colgando sobre mi hombro derecho. Di un pequeño beso a mi madre, acomodé mis gafas y salí de casa.
Otro día en el instituto iba a llegar, donde la gente cuchicheaba sobre mí, se reía de mí, me hacían la zancadilla y otras cosas más que prefería no mencionar en estos momentos. ¿Sabéis qué? Da igual. Al final no importa lo que piensa la gente de ti, si no lo que piensas tú de ti mismo, así que, no me afecta en absoluto, tengo la bastante fortaleza y autoestima para que no ocurra. Pero tengo el problema de que mis compañeros, no me agraden verbalmente si no físicamente.
Hay mucha gente falsa que se han intentado hacer pasar por mis amigos a los que yo rechacé ya que simplemente por interés venían a mi lado, sin contar a Louis.
¿Amigos de verdad? No existen. ¿Personas que se hacen pasar por tu amiga y después hablan mal de ti a tus espaldas? Millones de personas. Como mencioné anteriormente, los amigos de verdad no existen aunque, siempre hay la excepción, de esa persona que te querrá de verdad, sabrá respetarte como tal y siempre estará tanto en las buenas como en las malas pero, personas como estas, están en peligro de extinción así que, raramente encuentras a personas así. ¿A qué quiero llegar? Pues a que, jamás tuve una amiga de verdad, más bien, jamás tuve a alguien para llamarle amiga.
Salí de mis pensamientos al ver como me adentraba a ese edificio blanco: el instituto. Caminaba deprisa hacia mi taquilla, para evitar las posibles zancadillas de cada día o los empujones que hacían que los libros quedaran expandidos por todo el piso. Al llegar a mi taquilla, la abrí y deposité algunos libros que llevaba en mano y agarré los que necesitaba para las siguientes clases. Tocó el timbre e intenté apresurarme pero nada, posiblemente llegue algo tarde. Recibí unos golpecitos en mi hombro mientras iba cerrando mi taquilla. Me giré y me encontré un par de ojos azules acompañados de un pelo desordenado. Miré por un momento a mis alrededores y me di cuenta de que no había absolutamente nadie en ese pasillo, solo él y yo: genial, mi primer retraso, empiezo bien el lunes.
-Nos veremos más a menudo - informó no muy feliz el de ojos azules, Louis. Ese chico con el que hacía mucho tiempo que no me hablaba, ese niño que iba a mi misma clase al haber repetido dos cursos gracias a la separación de sus padres -estuvo mucho tiempo con depresión pero, esa es otra historia-.
-¿A qué te refieres? - le pregunté confusa.
Sonrió sínicamente y se fue sin contestarme. Quedé unos segundos extrañada y después me fui corriendo hacia clase. Cuando entré, miles de miradas se dirigieron hacia la persona que había interrumpido la clase, en este caso: yo.
-Willson ¿A qué se debe su retraso? - preguntó el Sr. Snight, profesor de matemáticas.
Quedé intimidada por el profesor, por un momento mis excusas desaparecieron y mis mejillas comenzaron a teñirse de un color rojizo.
-¡Se está poniendo roja! - exclamó un alumno, el que se sentaba al lado de Louis. ¿Cómo había llegado tan rápido?
-Cállese - ordenó el profesor al joven. Desvió su mirada otra vez hacia mí. Seguía de pie, mirándolo parada, sin saber que explicar - Puede sentarse Willson, no se lo tendré en cuenta, ya que ha sido su primera vez.
-Gracias - dije con un hilo de voz mientras iba inmediátamente a mi sitio.
Puse la máxima atención en clase y, debo reconocer que me pasó algo más rápida de lo normal.
Al salir de matemáticas, crucé por todos los pasillos en busca de mi siguiente clase. Entre los libros en mis manos. De un momento a otro, me encontré en el suelo, con todos los libros por el suelo. Joder, ya harta un poco que cada día que como mínimo te hagan la zancadilla una vez.
Cogí mis gafas que habían quedado en el suelo junto a uno de los libros y me las puse. Alcé mi vista y vi a un chico de pelo negro y ojos marrón claro. Estaba de pie junto a mí. Él tendió su mano para que yo la agarrara pero, antes de que la agarrase, quitó su mano y se rió de mí, acompañado de otras risas de alumnos y alumnas que pasaban alrededor.
-Mira por donde vas - fueron sus únicas palabras antes de irse.
Me sentía observada, la mayoría de las personas tenían su mirada fija en mí, como seguía en el suelo, agarrando mis libros de uno en uno y volviéndolos a colocar entre mis manos, lo más rápido posible para dirigirme a clase y que el retraso de la clase anterior no se volviera a repetir.
Así hice y al final, llegué justo a tiempo, segundos antes de que el profesor nos diera un cálido Buenos días.
***
Hora de comer, al fin, pensé.
Me dirigí hacia el comedor, cogí la comida y me fui a mi mesa. La última de todas, donde siempre estaba sola. Amaba eso. Bendita soledad.
Después de comer, fui a las clases restantes. Esta vez, gracias a dios no recibí ninguna de esas zancadillas que hacían que cayera y que cada vez odiara más que el día anterior.
Al acabar todas las clases, fui hacia mi casa algo más rápido de lo habitual, tenía ganas de salir de ese instituto. No lo soportaba más, estaba harta, harta.
Abrí la puerta de mi casa, subí a mi habitación y tiré mi mochila por el suelo. Pocos segundos después, mi madre entró en la habitación.
-Gracias por saludar, hija - dijo con sarcasmo mientras me besaba la frente.
-Hola mamá - dije sin más.
Mi madre me miró algo curiosa. Yo simplemente agaché mi cabeza y miré mis manos, que se hallaban juntas, algo nerviosas, gracias al pensamiento que acababa de venir.
-Mamá, ¿Puedo preguntarte algo?
Ella simplemente se sienta en mi cama y se detuvo a observarme, cómo si esperara que formulara mi pregunta. Yo me senté en la silla de mi escritorio, me giré hacia ella.
-¿Tienes ropa negra que me vaya bien?
-Claro pero, ¿Para qué? - respondió confusa mi madre.
-La necesito para el instituto - dije desviando la mirada para que no notara que no la estaba diciendo del todo la verdad.
-Ahora te la doy.
Dicho esto, se fue de mi habitación. Cuando volvió a entrar, dejó en mi cama un conjunto: una camiseta de tirantes negra conjuntado con unos jeans también negros.
-Gracias mamá.
Ella sonrió y se fue hacia abajo, supuse que a hacer la comida. Quedé observando la ropa negra. Desde el día de mañana, _____ Willson ya no será la típica nerd del instituto. Voy a cambiar radicalmente, me volveré agresiva para evitar posibles zancadillas y causar el miedo en las personas que pasen por mi lado, cambiaré mi estilo de vestir también.
Seré una chica que necesitaba salir de mi interior y que por fin lo consiguió.
[---]
¡Hola! ¿Qué tal ven el primer capítulo?
Pensad que solamente esto es el principio, pronto habrá más acontecimientos mejores y eso ^^
Bueno, como pido siempre. Comentad vuestras opiniones y cuanto más largo mejor♥
PD: Esto es un caso especial que suba en miércoles pero, esque ya tenía el capítulo hecho desde hace tiempo así que, pensé que como tenía un ratillo, pues lo subí^^
Seguramente subiré un capítulo cada semana c:
Aquí me despido♥ Las amo poajdpowa:3 Comentad y tal^^
Isa xx'.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Introducción.
Gracias a la amistad de las madres, _____ y Louis son buenos amigos.
Han mantenido su amistad desde los tres años. Desde que Louis fue
haciéndose más popular fueron distanciándose. Más bien han llegado a
odiarse.
____ es una de las nerds del instituto, la chica más asqueada por pequeñas cosas estúpidas que según la gente de su instituto la impiden ser igual a los demás mientras que la popularidad de Louis aumentó al largo de los años, gracias a su sentido del humor, travesuras y bromas. Pero... ¿Qué pasaría si un día ____ deja de ser ella misma, y cambia radicalmente? ¿Qué sería de la antigua?
____ es una de las nerds del instituto, la chica más asqueada por pequeñas cosas estúpidas que según la gente de su instituto la impiden ser igual a los demás mientras que la popularidad de Louis aumentó al largo de los años, gracias a su sentido del humor, travesuras y bromas. Pero... ¿Qué pasaría si un día ____ deja de ser ella misma, y cambia radicalmente? ¿Qué sería de la antigua?
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